¡Ay, Carmela!

Y yo que sé
porqué estoy tan triste.
Será que llueve poco
y a veces demasiado.
Y cuando no es una es la otra,
cuando no hay se necesita,
y cuando no se necesita sobra.
No sé dónde estamos yendo,
de verdad que no.
Yo cojo los menesteres
y los apeles y las brújulas
aunque rotas, yo las cojo
por si nos volvemos todos locos,
para no sentir la falta de.
Puedo llenar mis manos
de cosas Carmela y ver
que se me queda
vacío el pecho, de veras,
que me surgen
fronteras solas
a la vista de cualquier pista
que lleve a la liberación,
así que me quedo aquí
fumando y bebiendo
cuando mi cuerpo
me deja y no se queja,
¡cuánta queja Carmela!
Cuanta pena
a la que le he cogido
demasiado cariño.

 

Georgiana Ursu

Post a Comment