Colaterales

Colaterales

 

Lóbrega, gélida

 

No recuerdo si dormía

cuando destrozaron las puertas de mi casa.

 

Padre, aún recuerdo tu mirada

Impertérrita

cuando te arrastraron fuera.

Los ojos de un hombre que se sabe muerto por

una causa justa.

 

Me pregunto si esa serenidad se mantuvo

cuando las balas atravesaron tu cráneo

y regalaste el último suspiro

a la revolución.

 

Yo perdí la conciencia al séptimo puñetazo.

Con los días,

mis ojos se volvieron vidrio oscuro,

mis manos aprendieron el ritmo punzante

de rascar la sangre seca entre mis piernas.

 

La rebelión había fracasado.

Y yo

Me había convertido en un daño necesario.

 

 

Laura Montes Menéndez.

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